Hace algunas semanas una serie de organizaciones empresariales presentaron a los medios de comunicación el premio cívico Por una ciudad mejor en su octava versión, donde invitan a las organizaciones comunitarias, fundaciones y asociaciones de vecinos de Cali a que participen postulando las iniciativas que desarrollan en sus comunidades y que tienen carácter social.
Esta es una excelente oportunidad para que las personas que trabajan por Cali muestren las cosas positivas que vienen haciendo en procura de la transformación social de sus barrios.
Cali cuenta con un capital social maravilloso y un ejemplo de eso se vive en el barrio Bellavista, donde encontramos una biblioteca comunitaria de la Fundación La Guaca.
Esta organización fue ganadora del premio en el año 2013 y gracias al trabajo de su gestor, Ignacio Ojeda, los habitantes del oeste han logrado desenterrar el tesoro que hay en cada uno de ellos.
El premio logró visibilizar esta iniciativa que lleva 25 años desarrollando planes de prevención de la violencia mediante el arte y la promoción de la lectura.
Hoy, esta guaca que tanto le ha servido a la ciudad vive un difícil momento y su sede se encuentra en proceso de desalojo por encontrarse realizando sus actividades en un bien de extinción de dominio.
Guacas como estas no pueden desaparecer porque estarían incurriendo en una gravísima violación a los derechos culturales, educativos, recreativos y al empleo informal.
Los caleños debemos arropar este tipo de proyectos y no permitir su desaparición. ¿Qué sería de esta ciudad si no tuviéramos personas como Ignacio Ojeda, Alba Stela Barreto, Eduardo Montenegro o John Jairo Perdomo?
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