Sufrido resultó el paso de la Selección Colombia a cuartos de final en la Copa America.
El balance, un partido perdido, uno ganado y otro empatado, generó en nosotros, la hinchada colombiana, una avalancha de emociones que se inició con la tristeza de perder, siguió con la euforia del triunfo y desencadenó en la resignación de un empate que nos dejo dependiendo de otros para avanzar. Ahora estamos viviendo la esperanza de un triunfo ante Argentina para continuar.
Así es el fútbol y aunque no soy una experta en el tema, sí me atrevo a decir que la forma como se desarrolla nos ofrece valiosas lecciones que al ser aplicadas en sociedad nos ayudarán a la construcción de un nuevo país. Tomemos como ejemplo la participación de Colombia en esta Copa América en su primera fase.
Perdimos ante un rival considerado débil, pero que demostró casta. Eso nos enseñó a no subestimar. En nuestra sociedad es muy común encontrar a quienes fácilmente se sienten por encima de los demás.
Ganamos. Aprendimos que somos capaces de superar las adversidades. El triunfo ante Brasil nos permitió demostrarnos a nosotros mismos que más que un sentimiento de revancha (porque fue gol de Yepes), nos mueve el amor y el orgullo por este país. Esa misma pasión deberíamos ponerla en todo lo que destaque a Colombia, no podemos seguir siendo un patria unida en ocasiones, como en un partido de fútbol, pero tan radical y dividida, como cuando se habla de un proceso de paz.
Empatamos. Y la lección es que a veces no es suficiente con el esfuerzo propio, hay que aunar fuerzas, buscar y recibir la solidaridad de otros para alcanzar los objetivos.
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