Mentalidad de burros

Fabio Ariel Cardozo

En medio de voces que reclaman suspensión de los diálogos, comienza un nuevo ciclo de conversaciones en La Habana, luego de un estrecho período en donde de la guerra se reanudó con todo su repertorio de horrores.

Esta nueva ronda de conversaciones tiene el deber de interrumpir esta aciaga dinámica que amenaza con liquidar el más importante esfuerzo que se ha hecho por terminar la guerra con las Farc. Qué hacer entonces? Lo primero es alentar a las partes para que no sucumban ante las tentaciones guerreristas, que haya obstinación en su voluntad de paz, es decir, en ese sentido que ostenten “mentalidad de burro”,  como diría mindefensa; segundo, ante el fracaso del ensayo de la tregua unilateral se acuerde un alto fuego definitivo como está concebido en el acuerdo inicial: “para la terminación del conflicto”, esto significaría modificar el orden de la agenda, esta decisión estaría acompañada de concentración en puntos distintos de las tropas insurgentes, para garantizar el cumplimiento y verificación del alto al fuego; y finalmente, se establezca un plazo razonable, sin fatalismos, para agotar la agenda y ponerle fin a la guerra.

Esta propuesta surge del convencimiento que el modelo de negociar en medio del conflicto hizo crisis, que la ilusión de no permitir que lo que ocurra en el campo de batalla impacte en la mesa hizo agua desde los sucesos del General Alzate, cuando el gobierno se levantó de la mesa.

Hoy cualquier “triki trake”  impacta y amenaza en quebrarle las patas a la mesa, si son hechos graves como los ocurridos recientemente.

El Papa Francisco debería rezar mucho más por quienes se oponen a la paz, ovejas descarriadas que paradójicamente, son las más devotas del país.

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