Reconozco la importancia de conocer nuestra historia y de saber cómo hemos llegado a ser lo que somos, pero también siento necesario que desde niños – en la escuela – deberían enseñarnos a soñar.
Esto último me lleva a recordar la célebre frase del político estadounidense Thomas Jefferson: “Me gustan más los sueños del futuro que la historia del pasado”.
Cuando era niño, soñaba con ser astronauta y tocar la luna con mis manos y quería que mis amigos viajaran conmigo.
Hoy, después de haber vivido tantos sueños quisiera como adulto que los sueños se convirtieran en un derecho constitucional y que en las instituciones educativas de nuestro país se enseñara a soñar.
Aunque podría pensar que Colombia es el primer país en el mundo con más soñadores, también podría asegurar que nos cuesta hacer realidad los sueños porque nunca nos enseñaron a alejar de nuestros pensamientos las ideas negativas.
Desde hace algunos días he venido promoviendo la campaña “caleño compra caleño” que tiene como objetivo que entre nosotros empecemos no sólo a consumir productos locales sino a que ayudemos en la construcción de los sueños de las personas que conocemos y que se levantan todos los días con la intención de seguir aportando en la economía de la ciudad.
Los invito a que deliremos por un ratito y que despertemos de esta realidad que en muchas ocasiones aunque nos hace tanto daño, también nos hace fuertes para emprender iniciativas que resuelven problemas colectivos.
Cali, necesita de personas que trabajen para vivir, en lugar de personas que vivan para trabajar. Permitámonos defender nuestro derecho a soñar demostrándonos a nosotros mismos que todo se puede, siempre y cuando pongamos a nuestros pies lo que queremos.
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