Sólo faltaba que ahora la superstición esté relevando las semanas de la ciencia, que antes se hacían para que los estudiantes expusieran interesantes proyectos con relevancia científica.
Qué paradoja que en estos días una elemental aplicación de la vibración sonora, cerca del equilibrio logrado con dos lápices colocados en cruz que originan movimiento, provoque histeria colectiva entre los adolescentes que se atreven a practicar el tal rito Charlie.
Eso demuestra que la adicción al digital mundo virtual los está envolviendo en una especie de velo que les impide percatarse de los trucos cuando utilizan de manera sencilla la física, para ser presa fácil de los embaucadores que pretenden publicitar su película de terror.
Recuerdo que en otrora quien quisiera engañar con “magia” no podía sugestionar a sus padres, por ejemplo, con un imán oculto que movían por debajo de la mesa para desplazar objetos por encima de la superficie.
Les recomendaría a los padres, que cuando estudiaban sí les participaron en sus colegios las semanas de la ciencia, que con el único propósito de contrarrestar la sugestión de sus hijos, les muestren cómo al llenar de agua un vaso de cristal hasta el borde y tapado con un liviano cuadro recortado en papel, alzándole por el aire lo podemos voltear rápido boca abajo sin que se derrame el líquido.
Otro experimento: un plato hondo con agua hasta el cuello al que le arrojemos papeles con fuego, para observar que al tapar con una taza boca abajo el agua se absolverá. Espantaremos los malos espíritus de Charlie delatándole que sólo se trata de embaucadores que se valen de la ciencia.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

