Hugo E. Gamboa Cabrera

La ética en política

Hugo E. Gamboa Cabrera

Hace casi cuatro años tres jóvenes bogotanos no quisieron ponerse de acuerdo para salvar a Bogotá del caos y la improvisación.

Me refiero a Gina Parody, David Luna y Carlos Fernando Galán. Los tres quisieron ser alcaldes, pero se les atravesó Gustavo Petro. Los tres sumaron más votos que el de la izquierda; sin embargo, se lanzaron desunidos, lo que permitió que Petro se metiera por el medio.

Algo similar me tocó vivir el martes 12 de mayo del año en curso. Acompañé a mi amigo Germán Villegas Villegas, en unión de otros caleños preocupados, al Directorio municipal conservador de Cali, donde se escogería el candidato del partido a la Alcaldía de Cali.

Nos encontramos con que algunos jóvenes, miembros de dicho organismo político, pichones dispuestos a buscar futuro como líderes de Cali, conscientes, días antes de escoger a Villegas por su experiencia, su calidad como gobernante, su seriedad para cumplir compromisos con la comunidad y por estar mejor ubicado en las encuestas que el otro precandidato, Carlos José Holguín, decidieron, en la fecha mencionada, trastocar su voto gracias a que a última hora fueron “convencidos” de cambiarlo por unos denarios o contratos.

Sin embargo, no pudieron derrotar a Villegas y a nueve personas más, adultas y responsables, que no se dejaron “comprar” porque sabían el daño que le harían a la ciudad. Por tanto, la decisión se tomará en Bogotá.

Me preocupa que sean jóvenes los que vendan su conciencia. Bien decía Giordano Bruno: “Los hombres son pervertidos no tanto por la riqueza como por el afán por obtener la misma, sin importar como.”

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