El pasado domingo mi esposa corrió junto con su mejor amiga la Carrera de la mujer. Cuando me enteré de su atlética decisión le recomendé prepararse físicamente y controlar el ritmo cardiaco. Por esta razón le obsequié un reloj especial para tal fin. Mientras ella estudiaba el aparatejo le expliqué que era muy frecuente que por causa de un sobresfuerzo el corazón sufriera ataque y le conté la leyenda de Maratón:
El ejército persa iba a atacar la ciudad de Atenas por lo que los hombres de la ciudad se armaron y corrieron hacia la costa de Maratón para hacer frente a los barcos enemigos. Antes de partir, las mujeres atenienses hicieron un pacto con sus hombres, porque todos sabían que si los persas ganaban las convertirían en esclavas junto con sus hijos.
“Si mañana antes de la caída del sol, no tenemos noticias de ustedes, todas nosotras le quitaremos primero la vida a nuestros hijos y luego nos suicidaremos”.
Los griegos ganaron la batalla pero la confrontación se extendió más de la cuenta y surgió el temor de que las mujeres cumplieran el pacto por falta de noticias. Un soldado, Filípides, después de haber batallado todo el día, se ofreció a correr los 42 kilómetros que lo separaban de Atenas y llevar la noticia del triunfo. Corrió como alma que lleva el diablo.
Al llegar gritó a las mujeres “níky”, que significa victoria en antiguo griego, y cayó muerto por el esfuerzo.
Mi esposa corrió su carrera, una distancia un poco más de la décima parte de lo que corrió Filípides, rodeada de miles de caleños, lo que me confirma la vocación deportista de nuestra ciudad. Y cuando nos vimos me exclamó orgullosa: “níky”.
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