Sin duda, no existe una mayor manifestación de como resolver asuntos complejos a través de soluciones anodinas que aquella alegoría que relata el porqué un hombre decidió vender el sofá en el cual su esposa cometía adulterio, por ser el único y sensato remedio para evitar repeticiones del hecho.
Aplicando el mismo criterio nos encontramos con el pensamiento de algunos patricios caleños, quienes la han emprendido contra la elección popular de alcaldes, por considerarla culpable en las desacertadas elecciones de las últimas administraciones.
Yo hasta incluyo a la actual por considerarla con un desempeñó mediocre y de espaldas a las necesidades de la mayoría.
Según el juicioso análisis elaborado por varios de estos notables, el modelo vigente es digno solo para naciones en donde la ciudadanía exhibe altos niveles académicos como Suecia, Noruega o Alemania, pero no para mestizos mal educados.
Como si el problema naciera por las raíces étnicas y no ante la escasa instrucción política otorgada por el Estado a la población.
Porque si sabemos que el electorado se vende por un tamal, debemos educarlo para enseñarle a reflexionar sobre el daño que se auto inflige al escoger mal a sus gobernantes.
¿Pero habrá interés en la clase política y los patricios para que la ciudadanía elija bien, o así es mas fácil difamar, especular y desvirtuar a los competidores para los cargos de elección popular a partir del origen social e intentar manipular al elector con la desvergonzada premisa que los ciudadanos provistos de linaje y riqueza son los únicos adecuados para administrar con decoro el tesoro y la propiedad pública? Solo resta invitarlos a razonar sobre las bochornosas críticas al modelo actual de elección de alcaldes y gobernadores.
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