Finalmente, la Gobernación del Valle vio que una de las principales causas de los problemas en el trámite de los pasaportes está en la sede. Resulta inaceptable que el trámite tuviera que iniciarse realizando una fila interminable en la calle, exponiendo a los ciudadanos a la mafia de los vendedores de puestos que hacían imposible realizar la diligencia sin pagar su costoso peaje.
La oficina de pasaportes, como cualquier dependencia que ofrezca atención al público, debe contar con una sala de espera dotada, al menos, de asignadores electrónicos de turnos. Aunque lo ideal es que las citas puedan agendarse virtualmente.
Las limitaciones del “palacio” de San Francisco hacen inviable que el proceso se realice allí. En ese sentido, tiene lógica que la entidad plantee el traslado inminente de la oficina de pasaportes a otro lugar. Sin embargo, el remedio no puede ser peor que la enfermedad, lo que ocurriría si el traslado se hace para Aventura Plaza. En ese lugar han funcionado de manera caótica los servicios de tránsito.
Hay que tener en cuenta que el sitio está en uno de los peores cuellos de botella viales que tiene la ciudad y que se agravarían por la afluencia masiva de personas y la falta de parqueaderos del establecimiento; se solucionaría el problema de unos agravando el de muchos.
En cambio, optar por llevar la oficina a la antigua sede de la licorera es una oportunidad en varios sentidos: le daría un buen uso a un activo improductivo de la Gobernación, le facilitaría el trámite a los vallecaucanos que llegan de otros municipios gracias a su cercanía a la terminal y revitalizaría una zona “muerta” de la capital del Valle.
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