Nueve millones de estudiantes de primaria y secundaria no reciben clases desde la semana anterior por cuenta del paro que adelantan los educadores. Varias son las razones expuestas por los profesores para mantener el cese de actividades; dos de ellas los bajos salarios y las pocas posibilidades de ascender en el escalafón.
El paro, que podría pasar como uno de los muchos que ha habido, tiene un componente especial: los bajos estándares de calidad de la educación colombiana.
En el caso del Valle, hacemos parte de las regiones con los puntajes promedio más bajos en las pruebas Saber 11. De acuerdo con el Ministerio de Educación mientras en el año 2010 el 32% de los estudiantes que presentaron las pruebas quedaron en los primeros puestos, en el 2014 el porcentaje bajó al 30% como resultado del aumento del número de estudiantes que se rajaron o pasaron raspando la prueba.
Además, existe una brecha entre la educación pública y privada, que a pesar de los esfuerzos estatales, parece cada vez más grande.
Programas como el bilingüismo han tenido buenos resultados, pero los estudiantes siguen presentando problemas en matemáticas, ciencias y lenguaje. De ahí que la evaluación propuesta por Mineducación resulte un instrumento válido.
Pero lo que advierten los profesores es que dicha evaluación realmente no tiene como objetivo evaluar los procesos pedagógicos y promover el mejoramiento de la educación sino sancionar a los docentes. Resultaría conveniente diseñar y concertar los mecanismos interinstitucionales para ampliar el acceso de los docentes a formación avanzada.
Apoyar desde el Estado la preparación para las pruebas Saber, invertir en mejoramiento de las aulas escolares y, ante todo, reconocer la labor profesional de los profesores garantizando su efectivo ascenso en el escalafón profesional y reconocimiento salarial.
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