Esta palabra está haciendo carrera cual chispa en polvareda. Y una de las explicaciones radica en que las circunstancias económicas que nos rigen son muy diferentes a las que gobernaban en la época de nuestros padres. Estamos viviendo una nueva era: si la pasada fue la “industrial”; la actual es “de la Información”. Pero ¿a qué se debe la importancia que ha suscitado la palabreja?
La razón se debe a que son cruciales los cambios de paradigma que estamos viviendo y que experimentarán con mayor apremio las generaciones venideras. El primero de ellos tiene que ver con el concepto de estabilidad. Hoy es un concepto utópico.
Un mundo cambiante, interconectado en tiempo real, en el que la tecnología evoluciona a pasos agigantados y las necesidades humanas cambian a ritmos acelerados, hace que la pretensión del statu quo sea propia de ingenuos.
Y si la conclusión es que la inestabilidad es y será el pan nuestro de cada día, los bien llamados emprendedores preferirán mil veces enfrentar las inseguridades propias de sus sueños y proyectos que las que rigen en cualquier empleo.
El segundo punto en la ecuación tiene que ver con la valoración del tiempo. Si bien es cierto que la esperanza de vida se ha incrementado, lo cual significa mayor tiempo, el factor calidad ocupa un primer lugar. Por ello se escucha de los emprendedores subrayar su deseo de no “arrendarse” en pro de lograr objetivos ajenos. Para esta nueva generación de entrepreneurs el tiempo para compartir con sus seres amados o simplemente para soñar adquiere un valor inalcanzable.
Lo interesante es que será justamente el emprendimiento la solución al ineluctable problema que conlleva la asignación de los futuros recursos escasos.
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