Los aleves, incruentos, salvajes y bárbaros asesinatos de nuestros jóvenes soldados tienen un responsable unívoco, el señor Juan Manuel Santos Calderón, quien en una complicidad no necesaria entregó a la Fuerza Pública el mandato de suspender su misión constitucional (artículo 217), dejando desprotegida la Nación y en especial a nuestros soldados, que prefirieron morir, antes de incumplir la orden de no disparar contra los terroristas de las Farc.
Bajo ningún pretexto se puede dejar de defender la Constitución Nacional, salvo bajo dictadura, y estos hechos no deben pasar irresponsablemente inadvertidos.
Santos llena la copa cuando hasta la mera legítima defensa de cada uno de nuestros patriotas se le ha cercenado, entregándolos maniatados y en estado de indefensión a los criminales natos para matar.
Las Fuerzas Militares deben reflexionar si siguen obedeciendo las desacertadas órdenes del señor Santos o cumplen con su mandato constitucional emanado del pueblo, so pena de caer, también, en este tipo de complicidad. Las armas del pueblo nos dieron la independencia y ahora nos deben dar la libertad.
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