El costo de la ignorancia

Rodrigo Fernández Chois

Estoy asesorando a un amigo en la preparación de un libro sobre balística y armas de fuego.  Mi ignorancia sobre el tema era abismal, tal vez por el hecho de que siempre he pensado que “las armas de fuego las maneja el diablo”. Sin embargo, al adentrarme en la historia, mi visión sobre el tema ha cambiado.

El impacto en la historia de la humanidad como consecuencia de la evolución del proyectil de piedra lanzado con la mano, pasando por la invención de la pólvora  para llegar a la fabricación de las armas y municiones modernas es incuestionable.

La conclusión -buena o mala- es que si en el Génesis Dios creó a los hombres, la era moderna gracias a las armas de fuego los hizo iguales. Pero lo que me ha suscitado a escribir esta nota no son los principios físicos y químicos que se conjugan en un arma de fuego, que hacen que sea uno de los grandes inventos del hombre independiente de los juicios de valor que existan alrededor de ellas.

No. Lo que me hace escribir esta nota es un caso que me narró mi amigo y que me confirma que la ignorancia en algunos temas puede ser costosa. El cartucho de escopeta está compuesto por los perdigones y un pistón plástico que los separa de la pólvora; y en disparos a corta distancia el pistón es letal.

En una despedida de soltera una amiga de la novia halló una escopeta, inocentemente extrajo del cartucho la carga de perdigones y lo llenó con harina para rociar a la novia. Al disparar al rostro de la prometida, el pistón fue mortal. Hay temas que aunque no nos gusten será siempre valioso conocer.

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