Colores de jueves santo

Rodrigo Fernández Chois

En teoría soy católico; fui bautizado e hice la primera comunión pero aún no la confirmación. Voy a misa de forma no muy regular; el mismo rito suele aburrirme por lo que prefiero la soledad de una pequeña capilla para introspectar y encontrar respuestas y guía. La Semana Santa tiene para mí un toque enigmático,  solemne y respetuoso.

Suelo evitar hacer las barahúndas propias de otras semanas, carne roja poco en la dieta y vivifico mis sentidos escuchando la ópera rock setentera Jesucristo Súperstar. Son días de relax espiritual en los que intento comprender el gran misterio que representa la Trinidad conformada por Cristo, el Espíritu Santo y el Padre.

Así me hallaba cuando me enteré de lo sucedido en Kenia, un país africano que mira hacia el Asia y no a nuestra joven América.

Leo  que un grupo fundamentalista islámico asesinó a 148 estudiantes negros  cristianos; una matanza espeluznante ocurrida en pleno siglo XXI y justificada –si es que cabe la palabra- con preceptos religiosos antediluvianos.

Amplío una de las fotografías que publicaron en  Facebook y veo horrorizado a más de un centenar de cuerpos de jóvenes -hombres y mujeres- esparcidos en lo que al parecer es la plaza interior de un centro estudiantil. Con dolor concluyo: ¡148 sueños juveniles coartados en pleno jueves santo!

Lo chocante es que había acabado de ver también en Facebook una entrevista que concedió Cassius Clay explicando su conversión en Muhammad Alí. Se preguntaba el campeón por qué Cristo y los ángeles  eran blancos, y justificaba su conversión al Islam.

¿Será que estas absurdas diatribas sobre color de piel y credo continuarán por los siglos de los siglos?!

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