¡Muchachos!

Fabio Ariel Cardozo

Una muerte es un hecho dramático, pero cientos de muertos es un dato estadístico, algo parecido decía alguien que leí hace unos días, me dejó pensando por la crudeza y veracidad de tamaña afirmación.

Precisamente es esto lo que pasa en Cali con los homicidios, son tantos que ya no nos generan la conmoción que deberían. Situación que apenas registramos con perezosa resignación.

Esta peligrosa perplejidad solo se altera cuando la majestad de la muerte toca nuestra puerta, como nos ocurrió esta semana, cuando el hijo mayor de un apreciado amigo fue asesinado en las intricadas callecitas de Siloé. Vivir en Cali y especialmente en algunos de sus sectores siendo joven, es tener la vida en vilo, sin que sea suficiente ser buen muchacho, camellador, apito precoz de una preciosa niña.

No, simplemente basta ser cercano a determinado parche ¿cómo hace un muchacho para no hacer parte de un colectivo, de un equipo, de un combo? ¿Cómo vamos a hacer nosotros para que estas vinculaciones vitales, inevitables y convenientes no constituyan sentencias de muerte? ¿Cómo superar el absurdo que vivir en una cuadra o ser “parcero” de fulano sea comprar el tiquete de la desgracia?

En Cali estamos asistiendo a una tragedia que no parece tener fin, nuestros muchachos se están matando estúpidamente y muchos piensan que estas muertes inútiles son inevitables, otros tantos creen como Malthus que estas tragedias hacen parte del control de la especie o, más inhumano aún, del control de la muchachada pobre.

Sin desconocer los esfuerzos que se vienen haciendo, debemos  intervenir con mayor resolución e integralidad en las comunas de Cali,  porque un día de estos amaneceremos sin muchachos. ¿Qué sentido tendría nuestra sociedad enferma si sacrificamos la vida en primavera?

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