La ley fue ritual y exigente con relación a las adopciones. Coexistían la simple y la plena. Daban vínculo civil y de sangre, respectivamente, lo que repercutía patrimonialmente para el derecho sucesoral. Sin embargo, la corrupción en el sistema de adopciones relajó la aplicación de ley en su rigor sustancial y procedimental.
De las exigencias, inamovibles, era la existencia de la pareja (padre y madre) bien avenida y con capacidad económica.
Que sean dos homosexuales o dos lesbianas los adoptantes de niños que no pueden expresar su voluntad soberana, constituye una gran violación al derecho natural y a la vez un atentado contra la libre determinación.
Que va a pasar cuando un niño que pueda expresarse diga que no le gusta tener dos papás, que quién le definió esa relación, que quién le va a responder por esto; igual una niña que manifieste que no quiere ni acepta dos mamás.
El derecho canónico es más sabio, cuando a uno lo bautizan y lo ingresan a la iglesia católica, sin el consentimiento, le designan dos padrinos que expresan esa voluntad a nombre del incapaz, mientras con el tiempo él decide.
Ahora que los Gays se están divorciando, hay que pensar, ¿qué pasaría con los adoptados? Es mejor prevenir que tener que lamentar.
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