Hay un cuento que me encanta. No sé qué tanto sea realidad o ficción, pero apunta que en cierta ocasión un poderoso comerciante al cerrar un trato con una brillante mujer garabateó una X sobre su nombre impreso en el contrato de papel. La mujer se quedó observando inquieta y el comerciante le explicó: “No sé escribir”.
Ella, estupefacta, exclamo: “¡Si así es usted un empresario exitoso, no puedo imaginar lo que habría sido si supiese leer y escribir!”. El hombre sonrió y respondió: “Habría sido un sacristán de vereda”, y sonriendo prosiguió: “Cuando tenía 12 años era sacristán de la vereda de San José cuando cierto día el curita me ordenó que le escribiera una carta. Cuando se dio cuenta de que era analfabeta me echó y cambió de sacristán. Yo, al verme en la calle, me puse a comerciar con cachivaches”.
Es una historia rebuscada, pero demuestra un hecho contundente. Y lo resume Peter Drucker al afirmar que detrás de todo gran éxito hay siempre una persona que tomó una difícil decisión. Una tesis que de manera respetuosa me atrevería a complementar con la frase “…y en medio de una crisis”.
Fue Jean Baptiste Lamarck quien cincuenta años antes que Charles Darwin propuso que la vida evoluciona por “tanteos y sucesivamente” en respuesta a condiciones externas y extremas como clima, depredadores, etc. Su teoría fue conocida como Lamarckismo.
Soy de los que creo que el emprendimiento exitoso se rige por elementos parecidos a los de la teoría de Lamarck. Nuestro actuar en una situación de crisis puede llegar a ser más efectivo en términos de emprendimiento empresarial que el escuchar horas y horas de cátedra sobre este tema que está hoy en boga.
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