Hugo E. Gamboa Cabrera

Mi país, a pesar de todo

Hugo E. Gamboa Cabrera

Hace ocho días leía una entrevista realizada al pionero del estudio del narcotráfico en América Latina, Eduardo Sáenz Rovner, docente de la Universidad Nacional en Bogotá y profesor invitado de Harvard y Ucla, quién, palabras más, palabras menos, asegura “que cuando se dice que las Farc son el cartel más grande del mundo, nos quieren dar la impresión de que si ellas no estuvieran dedicadas al narcotráfico el negocio sería mínimo, lo que no es cierto”.

Con la muerte de Pablo Escobar y la extradición de otros grandes capos ese negocio no se acabó. Hubo paramilitares que no se acogieron a justicia y siguieron delinquiendo a través de organizaciones criminales—bacrim— que se convirtieron en el reemplazo de los otros y continuaron con ese flagelo, incluso, empeoraron la situación, pues

Colombia está invadida por el microtráfico que tiene a los muchachos “locos de contentos”, disparando igual o más que antes los índices de violencia e inseguridad.

Así que, no nos hagamos ilusiones. Haya o no haya paz, ese negocio no se acabará mientras haya consumo masivo que permita enriquecer los bolsillos de unos cuantos, inclusive, habrá desmovilizados de la guerrilla que cogerán por ese camino.

Como dice el mismo profesor Sáenz: “Con Farc o sin ella, el narcotráfico seguirá vivito y coleando, sin saberse si disminuya la violencia, pues en Colombia también se mata por un celular” o, agrego yo, por robar los tenis de marca que cualquier colombiano tenga puestos.

Así que, ese postulado del posconflicto solo funcionará cuando dejemos de fallar en los indicadores que miden el bienestar de una población, como la pobreza, la desigualdad y el acceso debido a la salud y la educación.

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar