Infraestructura y competitividad

Carlos Cuervo

Con un valor promedio de US$1.807 por transporte interno de un contenedor de 20 pies en Colombia, frente a los US$550 en Ecuador y los US$400 en China, leer noticias como la  adjudicación a un consorcio español de la vía Mulaló-Loboguerrero proyecta una luz de esperanza ante el atraso de la infraestructura del país.

Infortunadamente esta buena noticia llegó acompañada de los malos resultados en la construcción del túnel de La Línea, con un atraso de dos años y un nuevo aforo de $400 mil millones adicionales para lograr su culminación.

¿Se preguntarán los lectores el porqué de estos descalabros?

Hay razones políticas, económicas y de ingeniería, además de los costosos procesos de conciliación con comunidades afectadas por las obras.

En lo político está el afán de inaugurar obras en el periodo de gobierno del funcionario que adjudicó el proyecto.

En lo económico, por otorgar las licitaciones al postor de menor precio, sin considerar vulnerabilidades climáticas, periodo útil de uso y costo del mantenimiento preventivo.

Y, por supuesto, las de ingeniería como consecuencia del costo bajo que implica sacrificios en el análisis de suelos y de fallas geológicas, uso de elementos de construcción de menor calidad y de cimentación, pobre manejo de taludes y de prácticas medio ambientales. Siendo estos los ítems que dan a un proyecto estabilidad y durabilidad.

Es urgente eliminar la visión de corto plazo que solo beneficia a los políticos de turno y que además arrastra sobre costos por la deficiente planeación, mantenimiento y reparación.

Para modernizar la infraestructura del país entre el 2013 y el 2020 se requieren inversiones anuales sostenidas del 3.1% del PIB. ¿Se estará cumpliendo?

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