El pasado diciembre Cali reafirmó ser la ‘capital mundial de la salsa’, más de 1.500 bailarines impusieron el ritmo y colorido al primer día de la Feria en su versión 57 con el Salsódromo, evento mágico que mejoró en organización y calidad de su show, pero cuya zona gratuita para los que no pueden pagar o no consiguieron entrada porque no querían comprar el abono fue una vergüenza, es urgente su rediseño.
El evento, que en los últimos siete años ha dado apertura a la festividad, tuvo dos novedades: se realizó en la noche para evitar la fatiga de los artistas y la incorporación de cerca de 500 bailadores que tuvimos la fortuna de vivir la experiencia en el kilómetro y medio de recorrido.
No cabe duda de que este es el evento insignia de la Feria, que atrae extranjeros y caleños residentes por fuera, pero aún hay varios aspectos pendientes de mejorar.
Más de un millón de personas presenciaron el evento, pero sólo 20.000 lo hicieron en las graderías que se comercializan. La imagen de 900.000 asistentes que se apostaron a los lados de la autopista sur oriental, viendo a las escuelas a lo lejos, apretados entre la multitud y sin escuchar porque no tenían buen sonido, no tiene nada de incluyente.
No está bien promover privilegios en un evento que es de ciudad, donde quienes puedan pagar tengan mejor vista y sonido.
La Feria de Cali es el espacio natural de encuentro de propios y visitantes sin importar las diferencias raciales, económicas o culturales. ¿Por qué no poner graderías gratis para quien no puede pagar o no alcanza a comprar entrada?
La feria y el Salsódromo son de y para tod@s.
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