Hugo E. Gamboa Cabrera

Democracia hereditaria

Hugo E. Gamboa Cabrera

José Ortega y Gasset, en su Rebelión de las masas, decía que la frase de Jorge Manrique: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”, no es verdad y reflexionaba preocupado que “la sociedad es siempre una unidad dinámica de dos factores: minorías y masa. Las minorías como grupos de individuos especialmente cualificados y la masa como el conjunto de personas no cualificadas”. Pues bien.

En los últimos días los “grandes” medios de comunicación bogotanos y “mermelados”, no han hecho otra cosa que tratar de meternos por los ojos al hijo mayor del presidente Santos -Martín- quién alguna vez dijo que no le interesaba la política, como el nuevo director de la Fundación Buen Gobierno, para que desde allí haga lo que su padre: ser presidente de Colombia.

Está en su derecho, y para eso se preparó en el exterior.

El problema para él es que debe esperar su turno, pues ya hay una fila de herederos o “delfines” esperando el suyo: Germán Vargas Lleras, nieto de Carlos Lleras Restrepo; Simoncito Gaviria, hijo de don César, ansioso de poder, así le dé pereza leer documentos; cualquiera de los dos hijos de Luis Carlos Galán, quien debe estar furioso desde donde se encuentre de ver a sus retoños perdidos en cosas distintas a su inolvidable lucha histórica y, Martín Santos, bisnieto y sobrino de Eduardo Santos e hijo de Juan Manuel, quién cierra la baraja de posibles candidatos presidenciales dispuestos a dirigir a un país que, con ellos, seguramente, no sufrirá más subdesarrollo, clientelismo, politiquería, mermelada y corrupción, es decir, harán que sigamos orgullosos de seguir siendo uno de los países más felices del mundo, a pesar de todo. Tipos como Sergio Fajardo, no tienen cabida allí.

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