La letra CH

Rodrigo Fernández Chois

Primero descubrió al Chavo, después conquistaría su alma infantil el Chapulín. Los otros personajes que vinieron ya no serían tan atrayentes para el niño que se sentaba todos los días frente a la caja mágica de la televisión. ¡Y  fue “chanfle” cuando el color irrumpió!

Para aquel niño había algo singular en esos personajes caricaturescos; era algo más que singular: era algo común. Y el descubrimiento fue sumamente emocionante para él. Todos los personajes interpretados por el actor mexicano tenían un nombre que empezaba con la letra CH.

Y lo que más deleitó al niño era ver que en el debilucho pecho de su admirado superhéroe había impresa la letra CH rodeada de un corazón ¡Nada que envidiar a la S en un diamante! Ese niño, aunque sabía que su superhéroe no gozaba de los atributos que tenían sus pares del Palacio de la Justicia,  no se perdía programa. Y quedaba siempre maravillado  por la astucia del personaje, una astucia nunca anticipada por sus enemigos.

Su héroe y antihéroe -calificativo con el que lo concebiría después- le salvó. Resulta que aquel niño también tenía en su apellido la letra CH, circunstancia que le hacía objeto de burlas y bromas – bulling, para usar terminología moderna- por parte de otros niños.

Pero gracias al personaje especial que mostraba con orgullo la letra CH; las burlas y bromas rebotaron también en el pecho del menor.

Su corazón y su letra CH se habían blindado.

Hoy el niño ya es un hombre;  el Chapulín Colorado continúa igual de inmaduro usando su chipote chillón, las pastillas de chiquitolina y la chicharra paralizadora, pero el hombre que le dio la vida a este personaje se fue. “Gracias Chespirito”, escribe desde el fondo de su corazón el hombre en el que se convirtió el niño de ayer.
rodrigofernandezchois@hotmail.com

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