Alberto Ramos Garbiras

Desescalamiento del conflicto

Alberto Ramos Garbiras

El proceso de paz iniciado por el presidente Santos se encuentra en serio peligro ante el escalamiento de los enfrentamientos, por las conspiraciones, los ataques, las trabas, los obstáculos y torpedos colocados por quienes pretenden sabotearlo, por eso ya no es conveniente seguir conversando en medio de la guerra.

En estas circunstancias, a las dos partes les corresponde tomar las medidas conjuntamente para evitar que el proceso termine súbitamente. Ya no hay sino dos salidas: tregua bilateral o desescalamiento de las hostilidades y del fuego.

Ambas van hacia el mismo objetivo: humanizar la guerra interna, cumplir de verdad los compromisos internacionales sobre derechos humanos y la variable del DIH, para proteger a los civiles, proteger la naturaleza y proteger el proceso de paz.

Esto debe incluir compromisos y abstenciones de las partes, como ceses bilaterales cortos, espaciados, para probar o ensayar su funcionamiento, única forma de reanudar la confianza en los diálogos de la mesa instalada en Cuba, cualquiera sea el momento al volverse a sentar los delegados y siendo consecuentes con la urgencia de desescalar los ataques para evitar más agrietamientos.

Hay que acelerar las conversaciones y finiquitar la agenda antes de que los guerreristas finiquiten el proceso. Hay que empezar a concebir y practicar rápido los actos visibles del desescalamiento, tales como: ceses transitorios del fuego, desminado de zonas, cancelar los ataques aéreos estatales, suprimir el terrorismo de explosivos y tatucos, no atacar la infraestructura civil de Colombia, no volar las torres de energía, no agredir la pureza del agua con voladuras de oleoductos, no reclutar menores de edad y entregar los secuestrados civiles.

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