El Ministerio de Transporte ratificó que el 5 de diciembre será adjudicada la vía Mulalo – Loboguerrero.
El proyecto estipula la construcción de 32 kilómetros con una inversión de 1,19 billones de pesos y se estima que se realice en cinco años.
¿Será posible tanta belleza? Los momentos de hablar de proyectos y de adjudicaciones están llenos de promesas y buenos augurios.
Sin embargo, no pasa mucho tiempo para que empiecen las noticias de retrasos. La historia de la doble calzada Buga – Buenaventura lo confirma.
Es un proyecto al que le cayeron las siete plagas de Egipto y cuando se termine habrá tomado el doble del tiempo y de los recursos inicialmente estipulados.
¿Qué puede hacer diferente el devenir de la Mulalo – Loboguerrero? El tipo de contrato genera buenas señales y obliga a los constructores de una manera diferente.
El respaldo financiero y las cartas de crédito también son elementos a favor debido a que garantizan los recursos necesarios para realizar la obra.
Sin embargo, está el fantasma de las consultas previas y de las comunidades. No vendrán tiempos fáciles con los habitantes de Pavas y de Mulaló.
Es cierto que las comunidades tienen derecho a intervenir en los proyectos que las afectan. Sin embargo, esos derechos se han convertido en una verdadera anarquía.
También es cierto que se han fomentado invasiones y la llegada de pobladores no raizales a las zonas aledañas a los proyectos encareciendo y retrasando la ejecución.
El Gobierno no ha tenido la suficiente fuerza institucional para controlar estos aspectos. Esperemos que la experiencia de la doble calzada sirva para facilitarle las cosas a la nueva vía, otro proyecto prioritario para la competitividad del departamento que debe ejecutarse con la mayor eficiencia posible.
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