Crónicas anunciadas

Hoy, con el advenimiento de los canales de social media, todos los interconectados nos hemos convertido de la noche a la mañana en comunicadores digitales.

El alcance, la efectividad y el impacto de los mensajes -y sobre todo de las denuncias- que se emiten a diario se han elevado a la n potencia.

Por ello no es extraño que muchos de nosotros nos enteremos primero de alguna noticia a través de los canales digitales -y publicada por un no periodista- que a través de los medios tradicionales masivos. Fue así como me di cuenta hace unos días de una información en particular que me causó desazón: el vil asesinato de un periodista en Antioquia. T

al vez este dato sea para muchos compatriotas algo del día a día; al fin y al cabo, nuestro país ocupa el puesto 115 entre 197 en lo que a libertad de prensa se refiere. Pero este suceso en particular llamó mi atención por el drama, las particularidades y el fatal final de los hechos.

Me refiero al incidente del periodista Luis Carlos Cervantes, asesinado en el municipio de Tarazá, Antioquia. Según pude leer, el periodista de treinta años padeció un verdadero calvario por las frecuentes amenazas que recibió durante muchos años.

Sus continuas denuncias contra presuntos criminales de la administración pública, la eliminación del esquema de seguridad que le había brindado el Estado, la indiferencia alrededor de su drama, la precaria situación económica que padeció y la desventura familiar que existía a su alrededor hacen que este caso nada tenga que envidiar a las “crónicas anunciadas” que dan carácter a la tragedia clásica.

Por mi parte, siento mucha vergüenza de país por este suceso y preocupación por nuestra ‘seudolibertad’ de prensa. Aguardo la esperanza de que el advenimiento que mencioné al inicio de esta nota cambie las cosas.

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