Qué gran parecido hay entre las responsabilidades, o el escepticismo, por el cierre de las bibliotecas públicas y la quema de libros en las hogueras.
Por eso es incomprensible que cuando en nuestro país se promociona la lectura y donde el Ministerio de Cultura es hijo de la Constitución Política de 1991, los trabajadores de la Biblioteca Departamental, del Inciva, de Bellas Artes y los maestros de Incolballet, tengan que parar y marchar exigiendo sus salarios.
Cerrar la Biblioteca Departamental por la falta de presupuesto, convertiría en otro elefante blanco a aquella imponente edificación y monumental pieza arquitectónica, recientemente construida e ícono de “la manzana del saber”.
Es paradójico institucionalizar estatalmente a las secretarías de Cultura, municipales y departamentales, y al Ministerio de Cultura, mientras se deja a la deriva el destino de las escuelas que forman bailarines clásicos y artistas.
En el manejo de la cultura el Estado debe garantizar de manera prospectiva, proporcional e incluyente los recursos completos, es decir, que ni lo clásico desplace a lo popular, ni viceversa. ¿Qué sería de los festivales populares y folclóricos, si estos no recibieran patrocinio de la empresa privada? Es reprochable el estado de postración en que el Estado sume a Bellas Artes e Incolballet, instituciones que profesionalizan bailarines clásicos y artistas que enaltecen a Colombia.
Son imprescindibles, tanto las expresiones tradicionales populares, como las academias que cultivan el talento para la interpretación de lo clásico.
Lo autóctono preserva la identidad de los pueblos y los conservatorios garantizan la inserción cultural en lo clásico.
Posdata: cerrar la Biblioteca Departamental, nos recordaría que en otrora también quemaban libros en las hogueras.
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