“Social bacanería”

En Bogotá se mueve todo el mecanismo económico, social, político e informativo de la nación. Al resto del país nos consideran provincianos.

De allí proviene ese centralismo incómodo, injusto e inequitativo que tanto daño nos hace a los colombianos. Allá se toman decisiones sin interpretar a cabalidad los verdaderos problemas nacionales.

Por eso, hechos como el “fenómeno del niño” siempre los coge con los calzones abajo, a sabiendas que ese es un problema cíclico que se puede prevenir con medidas de Estado. Pero no. Todo funciona improvisadamente. No se brindan soluciones urgentes en educación, seguridad, medio ambiente, agricultura, salud.

La vida institucional es mediocre. No se protegen los páramos, las fábricas de agua y los ecosistemas cada día son más vulnerables.

Mientras tanto, el Congreso, la justicia y la política, que requieren de una reforma profunda, sucumben ante el gobierno nacional, perdiendo su independencia. Prefieren la camorra mientras el país poco les importa. No se han dado cuenta que la paz no se logra con una firma, se construye.

El gobierno se ha dedicado a recorrer muchos países en busca de palmaditas en la espalda pero no habla de ayuda económica para el postconflicto, si es que hay paz, de la cual empezamos a dudar, viendo cómo la guerrilla recupera el terreno perdido tiempo atrás.

Tampoco se entiende que la escogencia de víctimas para viajar a La Habana, la manejen personajes cercanos a la guerrilla; la están convirtiendo en un show de inocencia en favor de los irregulares.

El rumbo debe corregirse prontamente, porque en Bogotá están pecando de idiotas útiles. La izquierda radical se está tomando el poder paulatinamente.

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