Admiración provocan los roldanillenses porque llevan arraigado en sus corazones que la grandeza cultural de su patria chica es haber sido cuna de dos grandes del arte: el poeta Carlos Villafañe y el pintor/escultor Omar Rayo.
No les bastó que a lado y lado de la vía de entrada esté la huella del artista plástico, pues cada tienda, cada bar, cada restaurante o posada, con orgullo estético se adorna con fotografías del poeta y copias de los cuadros del maestro.
Otra gran sorpresa es muy rápido toparse con el Museo Rayo, sede del XXX Encuentro de Mujeres Poetas, imponente y parecido a un gran diamante o meteorito que hubiese caído en el centro del casco urbano sin lastimar ninguna casa.
Esta vez más que la pintura, ya que expone cuadros de Débora Arango y de Beatriz González, la atracción mayor fue escuchar a viva voz de las mismas autoras el bálsamo espiritual de sus versos.
Unas muy felices porque podían ofrecer sus poemas ya editados en libros. Otras, pensionadas, que cumplen su sueño de dedicarse de tiempo completo a la poesía. Sin faltar las que reciben el apoyo de sus familias.
Ninguna triste, inclusive las que leyeron de sus copias que guardan debajo del colchón en espera de ser inmortalizadas por los moldes de la imprenta.
Pero la gran sorpresa particular fue la de María del Mar Redondo, la “musa del amor”, porque para compartir sus versos, alterna el rebusque en el andén, ofreciéndolos en fotocopias y vendiendo artesanías, libros usados y cachivaches.
Después de llevarlos por el país y por Cuba, esta musa caucana me dijo que se alista para leerlos en Ecuador en un homenaje a Pablo Neruda.
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