Pasó el Mundial y fue imposible no estar “en modo fútbol”. Por esa razón, la semana pasada cuando me disponía a escribir mi columna de opinión, inició el concierto de goles de la selección alemana y el padecimiento de la análoga brasilera.
Y como sentía un ardorcito por la eliminación de nuestra selección, pospuse mi nota editorial y disfruté de la venganza proporcionada por los teutones.
Terminó el encuentro y concluí que el editorial que había diferido sería más ilustrativo con el inolvidable 7-1. Jim Rohn, americano, gran orador y reconocido motivador; expuso en cierta ocasión su Filosofía de la Hormiga.
Cuatro puntos básicos fáciles de memorizar, y sobre todo, de aplicar.
1. Las hormigas nunca se detienen y siempre llegan a su meta. No importa el obstáculo: agua, piedra, aire o incluso fuego; las hormigas siempre buscarán y hallarán un camino para llegar a su fin.
2. Durante el verano, las hormigas constantemente piensan en invierno. Saben que deben trabajar y acumular para hacerle frente al ineluctable periodo de vacas flacas.
3. En el invierno las hormigas piensan en verano. Dos interpretaciones: al mal tiempo buena cara y la segunda, apenas las condiciones lo permiten, las hormigas inmediatamente salen de su refugio y comienzan a trabajar ¡No posponen como los humanos!
Y 4. A la pregunta de ¿cuánto acumulará una hormiga para el invierno? La respuesta es contundente: todo lo que pueda. La hormiga dará todo de su ser no obstante las condiciones y el medio. Retomo entonces el resultado Alemania-Brasil. “¿Cuántos goles crees que hará Alemania?” me preguntó mi esposa después de gritar el tercero. “Todos los que pueda”, contesté. Y es en hacer todo lo que se pueda donde verdaderamente está la diferencia.
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