Reparación a las víctimas

Lo polémico y proceloso será establecer los procedimientos sobre la forma de satisfacer los derechos de las víctimas.

Con lo acordado parcialmente en La Habana estamos viendo un primer paso para tener en la cuenta a las víctimas de cara a la reparación, para asumir “responsabilidades”, y, dentro de lo razonable de una desmovilización que se pretende, aplicar un tipo de justicia que le de claridad al proceso de paz.

Sería una especulación hablar de la terminación del conflicto sin tener claridad sobre los procedimientos para reparar a las víctimas.

No se puede hablar seriamente de la etapa de posconflicto sin fijar las bases del reconocimiento de responsabilidades de las partes combatientes, las fórmulas de las indemnizaciones, la deliberación para el esclarecimiento de la verdad, la protección de los familiares y víctimas supérstites, las garantías de no repetición, etc.

El tema de las víctimas es de una dimensión incalculable. Se trata de un reconocimiento bilateral de responsabilidad de los contendientes, dos ejércitos, el institucional y el irregular que por excesos han causado daño (directos o colaterales) a civiles.

El boquete que las reclamaciones y los procedimientos indemnizatorios pueden abrir es incalculable. Pero es la única forma de enfrentar los devastadores efectos del conflicto.

Hay que darles el rostro a las víctimas para sortear las reclamaciones, “sanear heridas”, pedir perdón e indemnizar, aunque la mayoría son daños irreparables.

Una comisión de la verdad es una especie de tribunal de explicaciones que allana el campo para la confección de la justicia transicional a fin de formalizar el inicio del posconflicto. De allí se desprenderá la construcción de paz en las regiones, y sirve para afianzar el proceso de restitución de tierras.

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