El potencial electoral está en 32.975.000 ciudadanos y solo votaron 13.200.000 en la primera vuelta electoral del 2014, o sea un 60% de abstención.
Esta cifra mueve a la reflexión inmediata, preocupa, inquieta y deja ver muchas imperfecciones subsistentes en la democracia colombiana.
La abstención durante décadas no ha disminuido fluctuando entre un 48% y un 54% entre los años 1990-2010, pero esta subida del 6% debe ser objeto de evaluación, porque si no hay atracción para votar pese a los incentivos actuales del certificado electoral, ello significa: A) se necesita otra reforma de los partidos políticos, B) más reformas al sistema electoral, C) aumentó el cansancio con la clase política y se requiere un relevo, D) no hay propuestas para políticas públicas atractivas… pero todo ello se ha intentado en los últimos 23 años.
La educación cívica y la instrucción escolar sobre el funcionamiento de las instituciones que conforman el Estado hay que implementarla gradualmente desde la etapa escolar, fortalecerla en bachillerato y continuarla con la cátedra de la Constitución que está prevista en el artículo 41 para la enseñanza universitaria.
El voto obligatorio suena a drasticidad y castigo, pero en la práctica no es obligatorio porque el ciudadano debe concurrir a la urna pero no está obligado a votar por alguien, puede votar en blanco.
La importancia de la concurrencia a los puestos electorales es darle más legitimidad a la escogencia porque tendrán una relación directa con el tarjetón y pueden ver las opciones que se presentan con candidatos de diferentes partidos y movimientos políticos.
Con los abstencionistas no se sabe siquiera si estaban informados.
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