Más plomo

No será nada fácil construir un proyecto político democrático en un país que le apuesta a la guerra, que premia la mentira y pasa por alto tenebrosos comportamientos delictuales de sus principales dirigentes.

Un país que no les exige a quienes se disputan el ejercicio del poder para gobernarles, les presenten sus ofertas programáticas en atención a sus hondas necesidades; solo le parece suficiente que estos repitan, una y otra vez, las mismas promesas gastadas que, han anegado la nación de dolor y desesperanza a lo largo de nuestra historia.

Cuántas veces ante el reclamo justo del campesinado por una reforma agraria, la respuesta ha sido el plomo o cuántos estudiantes, trabajadores, intelectuales, desempleados y rebeldes más deben morir bajo la sospecha de ser auxiliadores de la guerrilla.

Los grupos armados ilegales se convirtieron en los mejores aliados del poder para acallar las voces de los inconformes y mantener estrangulada la democracia con la mordaza y pretexto de la seguridad nacional, como si el componente principal de la seguridad no fuera el bienestar de las mayorías.

La guerra es hoy el principal distractor que evita centrar la lucha en los verdaderos problemas del país.

Es sin duda más fácil allanar casas que construir casas, hacer cuarteles que colegios, generar desplazamiento que empleo, en fin, es mucho más fácil hacer la guerra que gobernar a favor del pueblo, que no es otra cosa que la paz real.

Es por lo anterior, que los enemigos de la paz no se detendrán en su inquebrantable decisión de dinamitar cualquier intento por resolver a través del diálogo los largos años de pelea. Porque entonces, tendremos la oportunidad de reclamar en voz alta, sin que los fusiles nos lo impidan, nuestros derechos vulnerados.

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