Triquiñuelas y lodazal

Ayer se llevó a cabo la elección de presidente de Colombia. Escribo esta nota el viernes anterior, pero estoy casi seguro de que vamos a segunda vuelta.

Lástima por el dinero que se gasta en estas lides, pero ésas son las reglas de juego en esta democracia. Ojalá que el país haya digerido bien su decisión electoral y que en junio no se equivoque. Quiera Dios haya pasado una mujer. Las dos que participaron son excelentes.

La patria necesita una visión distinta, sensible y honesta. No estoy de acuerdo con la declaración de doña Tutina de Santos cuando dijo que “en Colombia nunca una mujer podrá ser presidente”. Duele esa aseveración, sobre todo por venir de quién viene.

Ojalá en la segunda vuelta pensemos más en nuestro país. No permitamos que el centralismo nos limite. No dejemos que las cortes sigan cooptadas por la política, ni que la Fiscalía General se parcialice políticamente, haciéndole daño a la justicia.

No les comamos más cuento a esos periodistas que nos cuentan mentiras y tapan verdades, cooptados igualmente por miles de millones de pesos del erario, al que le han vendido el alma y el pensamiento.

No nos dejemos meter los dedos a la boca con aquellos asesores de imagen que contratan profesionales de la informática que trabajan a dos bandas, es decir, le venden información al uno y al otro para llevarnos a los colombianos al terrible escenario político al que nos han llevado.

No nos dejemos convencer de expresidentes con rabo de paja y, al menos por estos días, mientras votamos nuevamente, no escuchemos ni leamos noticieros, prensa y columnistas sesgados, porque afectan nuestra credibilidad y el amor por nuestra tierra. Colombia no merece parecerse a Venezuela.

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