El 90% de las 342 instituciones educativas oficiales de Cali están en mal estado. Problemas de techos (goteras), pupitres, baños, tableros, acueducto, entre otros, indican un atraso/abandono en infraestructura de más de 20 años.
Por ello, hay que celebrar la autorización de vigencias futuras 2015-2018 por $40 mil millones para la adecuación de la planta física de 20 instituciones.
Estamos ante la inversión más alta que se ha realizado en la ciudad en materia de adecuación educativa en los últimos 20 años.
Lastimosamente, la tarea está incompleta: aún quedan desatendidas 322 escuelas que demandan más de un billón de pesos.
El estudio de Infraestructura escolar y aprendizajes en la Educación Básica en Latinoamérica 2011 (Banco Mundial) resalta, como factor esencial para el aprendizaje, la existencia de bibliotecas, laboratorios, salas de sistemas, conexión a servicios públicos, la existencia de baños adecuados y acueducto.
Las condiciones físicas de las escuelas pueden tener un efecto importante en el desempeño del estudiante y “contribuir significativamente en la reducción de la brecha de aprendizaje asociada con la desigualdad social” (Unesco).
Cali hoy se destaca por obtener los resultados más bajos en las pruebas PISA a nivel nacional.
Es urgente hacer mayores esfuerzos para mejorar la calidad educativa, entendida no sólo con cobertura sino también con inversión en mejores docentes, y colegios con una infraestructura adecuada que facilite y enriquezca las actividades siendo un insumo esencial para los procesos educativos.
La educación es la mejor herramienta para la reducción de las brechas sociales, luchar contra la pobreza, crear oportunidades, garantizar la equidad y la igualdad en la sociedad; el compromiso de los gobernantes debe ir más allá del maquillaje arquitectónico para tener un compromiso con la educación como prioridad.
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