Todo buen asesor financiero conoce la importancia de invertir bien el dinero. Pero desafortunadamente la inmensa mayoría de estos asesores pecan al no saber aconsejar cómo invertir el tiempo.
Y si nos atenemos a que “el tiempo es oro”, aforismo para unos por ser una evidencia ganada con experiencia, o axioma para otros, en razón de la innecesaria demostración de tan evidente verdad, la triste conclusión es que los llamados asesores económicos no lo son tanto.
Tasar el tiempo es cosa bien difícil debido a que su valor no sigue los principios de la oferta y la demanda. Sin embargo, una manera sencilla para llegar a comprender su complejo valor es con una simple pregunta.
Por ejemplo, para saber el valor de un año, preguntándole al estudiante que perdió su año escolar; para conocer el valor de un mes, a la madre que tuvo a su bebé prematuro; para entender el valor de una semana, al editor de una publicación semanal; el de un día, al obrero que cobra el diario y que debe sostener a su familia; el de una hora, a los enamorados que ansían reencontrarse; el de un minuto, al viajero que acaba de perder su avión; el de un segundo, al afortunado que se salvó de un accidente; y el de un milisegundo, al ganador del segundo lugar en la carrera de los cien metros planos de las olimpiadas.
Entonces, ¿qué consejo puedo dar en estas líneas sobre cómo invertir bien el tiempo? Wolfgang Goethe dijo que aquel que pierde su tiempo es un suicida. En razón de tan sabia sentencia, apreciados lectores, creo que el mejor consejo de inversión es que presuman siempre que cuentan con sólo seis meses en su bolsa vital y obren en consecuencia.
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