El POT y los usos del suelo

Una de las discusiones más interesantes en el análisis del nuevo POT será la de la convivencia de sectores residenciales con el comercio.

Ya Planeación Municipal anticipó que no habrá zonas residenciales exclusivamente. Eso es comprensible y lógico, los residentes de un sector necesitan productos y servicios cerca a sus casas para facilitar sus actividades cotidianas.

Es conveniente y hasta agradable la vecindad con una tienda, una miscelánea, una peluquería, una panadería y hasta con un pequeño restaurante.

El problema es que amparados en el uso mixto se cuelan negocios indeseables que alteran considerablemente la convivencia. En mi barrio, Camino Real, conozco varios ejemplos que pasan los límites.

En mi cuadra, por ejemplo, están haciendo una bodega que serviría de carga y descarga de materiales de construcción de un almacén que está ubicado a espaldas de esa casa, sobre la autopista sur oriental.

El lugar se convertiría en paso obligado de camiones. Otro ejemplo, a solo tres cuadras y no sobre vía principal, mis vecinos conviven con un prostíbulo.

El caso ha sido frecuentemente denunciado, desde entonces una patrulla de la Policía lo visita semanalmente. La naturaleza de esta actividad parece más garantizar la seguridad del establecimiento que atender las denuncias de los habitantes del sector.

Un tercer ejemplo: en Ciudad Jardín, los vecinos conviven con casas de eventos, gimnasios, spas y hasta con una academia de baile ubicadas en manzanas no comerciales. Los establecimientos se camuflan, obtienen los permisos y operan sin que valga poder legal para reubicarlos.

Definitivamente, el problema de usos del suelo de Cali es grave. La ciudad requiere un POT de buen alcance, pero sobre todo autoridades y herramientas jurídicas para hacerlo respetar.

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