Con este término en inglés nos han tratado, a través de nuestra historia los gringos y europeos, con excepción de España, donde “cariñosamente” nos dicen “sudacas”.
Es una forma de mofarse de nuestra idiosincrasia, de nuestra justicia, de nuestros gobiernos. Infortunadamente, damos “papaya”. Un botón de muestra.
La sequía que padece el municipio de Paz de Ariporo, Casanare, había sido advertida el 22 de enero por el Ideam, cuyo director, Omar Franco, dijo, además, el 21 de marzo reciente, “que la emergencia en dicho departamento se debe a la mala utilización de recursos naturales.”
Quién dijo miedo. Pues ahora, después del escándalo, la Fiscalía, la Contraloría y las comisiones quinta de Senado y Cámara le cayeron encima, exigiéndole que “remitiera el modelo en que se basó para hacer dicha afirmación”.
Eso, mientras reses, chigüiros y tortugas morían deshidratados. Dichos organismos de control estaban buscando “elementos materiales probatorios” para penalizar a alguien de semejante daño ambiental. Estaban realizando una “investigación exhaustiva”, como siempre, para quedar, al final, en nada.
Por qué ahora aparecen estos organismos, cuando desde enero se había advertido la sequía. El único responsable de esta catástrofe es el gobierno central, que solo se interesa por aquellas cosas que producen votos.
Que jamás se han preocupado por la forma en que las petroleras extraen el agua ni en los sistemas de riego que utilizan los arroceros, y menos en la terrible deforestación que tanto daño le causa a la naturaleza.
Como bien dijo el exministro de Medio Ambiente, Manuel Rodríguez Becerra: “Ahora llega todo el mundo a dar declaraciones pero no han hecho un carajo. La culpable de todo este problema es una política mal orientada de desarrollo.” Punto.
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