La próxima constituyente

A nadie con cinco dedos de frente se le puede ocurrir que la presunta negociación con las Farc pueda terminar en la firma de acuerdos protocolarios sobre los temas previamente acordados, sin la convocatoria a una asamblea nacional constituyente.

Si en el 91 se dio curso a este ejercicio con apenas el 27% de participación, para legitimar la desmovilización de un grupo pequeño, que como el M19 se encontraba derrotado militarmente, es apenas lógico que un aparato militar que es el propietario y ejerce como brazo armado de la economía del narcotráfico y lleva 50 años delinquiendo amerite un ejercicio similar al del 91.

Las guerras han finalizado con refundaciones políticas y con nuevos pactos sociales y económicos, con nuevas constituciones. Las Farc, sentadas a la mesa de negociaciones, sin derrota militar, porque el presidente Santos decidió otorgarles la ventaja de ser interlocutores políticos, reclamarán un nuevo acuerdo donde su iniciativa solo podrá ser legitimada y controlada por la institucionalidad a partir de una constituyente. Si hubiera sucedido lo contrario y estuvieran en la mesa en calidad de derrotados militarmente, la situación sería diferente.

Tienen razón quienes, desde el expresidente Uribe hasta los seguidores de Petro, reclaman una constituyente, porque además de negociarse la terminación del conflicto, la sociedad colombiana entraría en una etapa de posconflicto impensable sin que se acuerde o la coexistencia, como hasta ahora, del capital financiero y la economía del narcotráfico o esta se desmonte con la entrega de armas y la liquidación del aparato terrorista de las Farc.

Todo lo que se argumente no son sino falacias y delirios de tecnócratas que han convertido el legítimo deseo por la paz en una matriz al servicio de la reelección.

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