Colombia, rajado de manera vergonzosa en la pruebas Pisa, según informe presentado este martes. De quinientos mil jóvenes evaluados de 15 años en 65 países nosotros fuimos los últimos, escoltados deshonrosamente por los países de nuestra región. El mejor evaluado fue Chile, no obstante lejos de la media.
Ya conocíamos los resultados de estas pruebas en ciencias, matemáticas y lectura apenas hacía un par de meses, igual de desastrosos, pero lo conocido esta semana constituye el puntillazo.
Colombia es un país mal educado, estas últimas generaciones no tienen condiciones para enfrentar los embates de la vida, menos los desafíos que nos propone una perspectiva de crecimiento y desarrollo.
Seguramente una pequeña élite podrá beneficiarse de las posibilidades en todos los ámbitos que ofrece la realidad actual, pero la gran mayoría de los colombianos, educados bajo el actual modelo que el mundo acaba de rajar, estará condenado a la peor de las miserias: la ignorancia, la carencia de la formación necesaria para enfrentar la vida con decoro.
Ahora con mayor nitidez podremos darnos cuenta porqué los colombianos somos tan felices y porqué seguimos creyendo en las falacias de siempre, o en los de siempre, porqué vivimos en la nebulosa, en la ingenuidad que nos prodiga nuestra supina y adormecedora ignorancia; aquella que nos esclaviza, pero que nos hace los más felices del planeta.
Este informe llega en medio de una campaña presidencial y lo menos que esperamos es que el tema de la educación cobre trascendencia, seguramente no más que el minero o el militar, pero que centre el debate en que sin educación no habrá paz y menos prosperidad para todos, en este campo como diría el presidente: ha faltado mucho por hacer.
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