Cuando Jorge Iván Ospina decidió que la cabalgata ya no sería el evento de inauguración de la Feria de Cali y le abrió la puerta al Salsódromo, lo hizo en defensa de la expresión popular más importante de nuestra ciudad, la salsa.
Sin embargo, el Salsódromo nació como una decisión administrativa, basada en una realidad, pero no sustentada en una conceptualización.
Por eso los primeros años del Salsódromo fueron haciéndose con el entusiasmo, con la alegría de las escuelas de salsa, pero sin buscar criterios de marcha ni de alegorías.
Por eso cuando en diciembre de 2012 publiqué un artículo en crítica a la dirección del salsódromo, encargada desde el comienzo a Andrea Buenaventura, escribí: “No hay un trabajo coherente, no hay diferencias entre coreografías, no hay una exploración del vestuario, para consolidar el Salsódromo en una cultura del baile callejero es indispensable fundamentarse en el saber de Río de Janeiro con el Sambódromo”.
En diciembre pasado la pobreza imaginativa del Salsódromo fue absoluta. No hay una producción de sonido. Magníficos en el show, en la calle los bailarines caleños se minimizan, no resisten el clima, sus vestidos revientan de calor y sus zapatos se destrozan.
He sabido que Andrea Buenaventura se retira de la dirección del Salsódromo y que la gerente de Corfecali, Luz Adriana Latorre, con un grupo de personas, estuvo en el Carnaval de Río de Janeiro mirando por dentro su funcionamiento y sus implementaciones técnicas. Aplaudo que el camino de la polémica me dé la razón.
Se puede aprender una logística creada por años, pero es claro que los contenidos deberán ser caleños, exclusivamente de la salsa. La pregunta es una sola: ¿Quién o quiénes afrontarán el reto creativo para el 2014?
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

