De nuevo Buenaventura se convierte en la comidilla nacional y en el asombro del mundo. Otra vez por cuenta de su desbordada violencia llevada a extremos dantescos, a pesar de la recurrente ampliación del pie de fuerza.
Esta fórmula tan socorrida en todos los tiempos, en el bello puerto ha sido un completo fracaso. Pareciera que entre más efectivos policiales y militares el asunto se agravara, pues no solamente hasta las iglesias tienen que pagar extorsión, sino que la población es presa del pánico por los descuartizamientos.
¿Qué hacer?
Lo primero es aceptar que lo hasta ahora aplicado no ha arrojado los resultados esperados. ¿Por qué? ¿Connivencia, corrupción, incompetencia o porque el problema superó la capacidad de respuesta policial o militar? Puede ser que todo esto esté ocurriendo y nosotros empeñados en suministrar la misma medicina.
Esta ciudad lo que necesita es fortalecer su estado local, su institucionalidad; ampliar su base productiva para generar empleo, porque el empleo lo están generando los “urabeños” y la “empresa”. L
as cuantiosas inversiones que hace el Gobierno central en el dragado del puerto y en infraestructura vial, si bien generan riqueza, pronto sale del puerto y va a parar a las cuentas de unos pocos; se requiere apostarle a mejorar la educación, de esta forma se promovería además una dirigencia capaz y honrada; se deben afinar los mecanismos de control, para que los billones de pesos destinados a lo largo de varias crisis no se pierdan.
Mejor dicho, se debe acordar un plan estratégico, a largo plazo, que realmente esté concebido para su sufrida gente.
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