Hace varios años, los hermanos Santos Calderón, Enrique y Juan Manuel, despertaron la monotonía bogotana, con la revista Alternativa, de franco corte izquierdista, autoidentificándose como los “Guerrilleros del Chic´o”, siendo periodistas y herederos de El Tiempo.
Juan Manuel recibió a Colombia de la mano firme y generosa de Álvaro Uribe Vélez. Inocultable que el país estaba en su mejor época.
Enrique, dentro de la lógica de sus viejos afectos y admiraciones, se radicó discretamente en la isla de los hermanos Castro. Juan Manuel involucionó rápidamente, declaró sin rubor como su mejor amigo al dictador Hugo Chávez-Maduro.
La guerrilla narcotraficante de las Farc recibió oferta desmesurada de paz y reingresó a donde se percibió el maquiavelismo fraterno de Enrique, con la determinación colombiana de acogerse a La Habana, en una discusión de plenipotenciarios que diariamente se desdibujan por falta de talento.
Las Farc diariamente asesina soldados colombianos en cumplimiento de sus funciones, mientras el Primer Mandatario desconoce la realidad y sueña con un Nóbel cada día más esquivo y menos justo.
Las encuestas que han suplido los análisis de conocimiento y carácter, muestran escepticismo y desconfianza. Surge un elemento desestabilizador del gobierno Santos.
La mermelada compra y paga bien conciencias. Todo no se ha perdido, aún faltan las elecciones del 9 de marzo escogiendo Cámara y Senado. ¿Llegará la primavera que necesitamos?
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