Hay días en que me cansa tener que demostrar que merezco lo que he conseguido. Quizás porque llevo buena parte de mi vida haciéndolo.
Soy una mujer negra, nacida en una familia con limitaciones económicas. Llegar hasta aquí no fue sencillo. Ser profesional, hacer una maestría y alcanzar un doctorado me costó años de estudio, trabajo, renuncias, noches difíciles y momentos en los que continuar parecía imposible.
Por eso miro mis títulos con orgullo: detrás de cada diploma hay una parte de mi vida que solo yo sé cuánto costó.
Tal vez por eso me duele escuchar aquello de que “todo lo del pobre es robado”. Porque detrás de lo que algunas personas ven terminado existen historias que desconocen.
Yo conozco la mía.
He trabajado, estudiado, empezado de nuevo y aprendido a tocar puertas. Hoy, si necesito llamar a alguien y decirle que estoy buscando empleo, lo hago. No siento vergüenza.
Hace tiempo entendí que la vida está hecha de etapas: unas terminan, otras comienzan, algunas nos sacuden y todas dejan aprendizajes. Lo importante es no dejar de intentarlo.
También sé que cuando avanzo no avanzo sola. Quienes venimos de familias con menos posibilidades entendemos que una oportunidad puede convertirse en tranquilidad para muchas personas. Nuestro bienestar suele extenderse a quienes amamos.
Por eso esta reflexión también es política. No todos partimos del mismo lugar y reconocerlo no divide: nos permite construir una sociedad más justa. Las oportunidades pueden transformar trayectorias completas.
Creo profundamente en la educación, el empleo digno, el emprendimiento, las políticas sociales, la iniciativa privada y en quienes deciden abrir oportunidades. Necesitamos encontrarnos alrededor de ese propósito común.
No pido que nadie sienta lástima por mi historia. Tampoco necesito permiso para sentir orgullo.
Aspiro a algo mucho más sencillo: que progresar siendo negro, pobre o proveniente de un territorio con pocas oportunidades deje de despertar sospechas.
Porque detrás de muchas personas que logramos llegar hay algo que casi nadie vio: años de esfuerzo, personas que nos tendieron la mano y una batalla silenciosa para no rendirnos.
Y quizás de eso se trata: de abrir puertas para que llegar no tenga que costar tanto.
* * *
Sobre la autora…
Johana Caicedo Sinisterra es una líder social comprometida con el bienestar y la transformación de vidas. Es profesional en Filosofía, magíster en Educación y doctora en Humanidades. Desde el servicio público, ha trabajado por la igualdad, las oportunidades y la construcción de una sociedad más humana y justa.
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