Cali, agosto 26 de 2026. Actualizado: martes, agosto 25, 2026 21:33
Respirar, caminar, recordar un nombre, aprender un idioma, enamorarse, resolver un problema o simplemente decidir qué desayunar.
Todo ocurre gracias al cerebro, el órgano que coordina cada una de las funciones del cuerpo y que, pese a su enorme importancia, muchas veces pasa desapercibido en nuestra rutina diaria.
Cada 22 de julio se conmemora el Día Mundial del Cerebro, una fecha impulsada por la Federación Mundial de Neurología con el propósito de generar conciencia sobre la prevención de las enfermedades neurológicas y promover hábitos que favorezcan la salud cerebral durante todas las etapas de la vida.
Las cifras muestran por qué esta conmemoración es cada vez más relevante.
Las enfermedades neurológicas, como el accidente cerebrovascular, el Alzheimer, el Parkinson, la epilepsia o la migraña, afectan a cientos de millones de personas en el mundo y representan una de las principales causas de discapacidad y muerte.
Sin embargo, especialistas coinciden en que una parte importante del riesgo puede reducirse mediante hábitos saludables adoptados desde edades tempranas.
Aunque representa apenas cerca del dos por ciento del peso corporal, el cerebro consume aproximadamente el 20 % de la energía que utiliza el organismo.
Está formado por alrededor de 86.000 millones de neuronas que se comunican constantemente mediante complejas conexiones eléctricas y químicas.
Gracias a esa inmensa red neuronal somos capaces de pensar, crear, hablar, movernos, experimentar emociones, almacenar recuerdos y adaptarnos a nuevas situaciones.
Incluso mientras dormimos, el cerebro continúa trabajando para consolidar la memoria, regular funciones vitales y reparar diferentes procesos del organismo.
Por eso, cuidar el cerebro significa proteger la capacidad de aprender, trabajar, relacionarnos con los demás y disfrutar de una buena calidad de vida.
Durante muchos años se creyó que el deterioro cerebral era una consecuencia inevitable del envejecimiento.
Hoy la ciencia ha demostrado que, aunque el paso del tiempo influye, el estilo de vida tiene un impacto decisivo sobre la salud del cerebro.
La alimentación, la actividad física, el sueño, el manejo del estrés y la estimulación intelectual pueden fortalecer las conexiones neuronales y disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades neurológicas o deterioro cognitivo.
1. Mantener una alimentación equilibrada.
Consumir frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado, frutos secos y grasas saludables aporta nutrientes esenciales para el funcionamiento cerebral. Al mismo tiempo, es recomendable limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, azúcares y grasas saturadas.
2. Realizar actividad física de manera regular.
Caminar, nadar, montar bicicleta o practicar cualquier ejercicio favorece la circulación sanguínea, mejora la oxigenación del cerebro y estimula la producción de sustancias relacionadas con la memoria y el aprendizaje.
3. Dormir lo suficiente.
Durante el sueño el cerebro organiza la información adquirida durante el día, fortalece la memoria y elimina sustancias de desecho que se acumulan mientras estamos despiertos. Dormir entre siete y nueve horas diarias, según la edad y las necesidades individuales, es fundamental para mantener un buen rendimiento mental.
4. Mantener la mente activa.
Leer, aprender un instrumento musical, estudiar un idioma, resolver rompecabezas o adquirir nuevas habilidades fortalece las conexiones neuronales y favorece la llamada reserva cognitiva, un mecanismo que ayuda al cerebro a enfrentar mejor el envejecimiento.
5. Cuidar la salud emocional.
El estrés crónico, la ansiedad y la depresión afectan el funcionamiento cerebral. Buscar espacios de descanso, practicar técnicas de relajación, fortalecer las relaciones sociales y solicitar apoyo profesional cuando sea necesario también forma parte del cuidado del cerebro.
6. Controlar enfermedades como la hipertensión, la diabetes y el colesterol alto.
Estas condiciones aumentan el riesgo de accidente cerebrovascular y otras enfermedades neurológicas si no reciben un adecuado seguimiento médico.
7. Evitar el consumo de tabaco y moderar el alcohol.
Ambos hábitos pueden acelerar el deterioro cerebral y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y neurológicas.
Uno de los mensajes más importantes del Día Mundial del Cerebro es que el cuidado cerebral no debe comenzar cuando aparecen los primeros síntomas de pérdida de memoria o dificultades cognitivas.
Cada decisión cotidiana —desde elegir una alimentación más saludable hasta dedicar tiempo al descanso o al ejercicio— contribuye a preservar este órgano extraordinario.
Cuidar el cerebro no solo significa prevenir enfermedades.
También implica proteger nuestra capacidad para aprender, trabajar, crear, amar, recordar y disfrutar plenamente de la vida.
Después de todo, es el órgano que hace posible todo aquello que somos y todo lo que soñamos llegar a ser.
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