Hay una frase que todos hemos escuchado alguna vez: “Cali es Cali y lo demás es loma.” La repetimos tanto que terminamos creyéndola.
Pero la realidad es otra. Cali tiene 15 corregimientos y la mayor parte de su territorio es rural.
Es decir, eso que muchos llaman “la loma” no es un rincón olvidado de la ciudad; es el 78% de la ciudad. Lo curioso es que seguimos planeando y hablando de Cali como si solo existieran las comunas.
Uno de esos corregimientos es Felidia.
Y quienes lo conocen saben que tiene algo que muchas ciudades perdieron hace décadas: identidad.
Su parque sigue siendo el centro de la vida del corregimiento. La iglesia conserva ese protagonismo que caracterizaba a los asentamientos construidos bajo la tradición hispánica, donde la plaza y el templo organizaban el espacio público.
Las casas mantienen una escala amable, de uno o dos pisos, sin esa mezcla desordenada de fachadas, avisos y colores que hoy vemos en tantos lugares.
Además, Felidia tiene un símbolo que muy pocos caleños conocen. En el parque hay un monumento con tres aviones que recuerda el accidente de la Expedición Cristóbal Colón, ocurrido en 1937, cuando varios pilotos cubanos perdieron la vida en estas montañas.
Es un pedazo de historia que perfectamente podría hacer parte de una ruta turística y cultural de Cali, pero hoy pasa prácticamente desapercibido.
Y ahí es donde creo que está la oportunidad.
Cada vez que hablamos de desarrollo pensamos en construir más. Más vías, más edificios, más concreto. Pero pocas veces pensamos que desarrollar también significa recuperar.
¿Por qué no hacer de Felidia el primer corregimiento con un verdadero plan de renovación urbanística rural?
No estoy hablando de llenarlo de cemento ni de convertirlo en un centro comercial al aire libre. Imagino un programa de subsidios para el mejoramiento de fachadas, donde los propietarios reciban apoyo para recuperar una imagen arquitectónica uniforme.
Fachadas blancas, carpintería en madera, cubiertas en teja de barro, balcones, jardines y una paleta de colores que le dé identidad al corregimiento.
No porque todas las viviendas tengan que verse iguales, sino porque el espacio público también comunica.
Imagino un parque completamente renovado, con adoquines, arborización, iluminación cálida, mobiliario urbano de calidad que permitan disfrutar el lugar sin que los carros sean los protagonistas.
Imagino una oferta gastronómica organizada, mercados campesinos, cafés, pequeños restaurantes y emprendimientos locales que reciban acompañamiento técnico para crecer sin perder su esencia.
Eso genera turismo, sí. Pero también genera empleo, aumenta el valor de los predios, fortalece la economía local y hace que los propios habitantes se sientan orgullosos del lugar donde viven.
Con la consolidación de la Vuelta de Occidente, Felidia tiene todas las condiciones para convertirse en una parada obligatoria para quienes buscan naturaleza, gastronomía y tranquilidad a pocos minutos de Cali.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar





