Cali no va a resolver su crisis urbana mientras siga pensando que el desarrollo termina en el oeste y en el sur.
La ciudad tiene una deuda histórica con el oriente. Allí vive una parte enorme de su población, pero no está allí la misma oferta de empleo, cultura, deporte, espacio público, educación superior ni entretenimiento.
El Oriente no necesita más discursos asistencialistas.
Necesita centralidad, inversión, suelo bien usado y oportunidades reales. La mejor política social no es repartir subsidios eternos; es acercar el empleo, la educación, la cultura y la infraestructura a donde vive la gente.
Por eso, Cali debería crear el Distrito Oriente, una nueva centralidad urbana, económica y cultural capaz de generar más de 200.000 empleos en 15 años.
El proyecto debe tener cinco motores.
Primero, un distrito empresarial y logístico del oriente, aprovechando la conexión con la salida hacia Palmira, el aeropuerto y la región.
Allí deben llegar BPO, tecnología, servicios compartidos, manufactura liviana, comercio mayorista, formación técnica y emprendimientos.
No se trata solo de construir edificios; se trata de llevar empleo formal al territorio.
Segundo, un estadio moderno para el oriente, no como un elefante blanco, sino como un centro deportivo, comercial y comunitario.
Debe impulsar un equipo propio del oriente, una marca deportiva de Aguablanca, escuelas de formación, torneos juveniles, fútbol femenino, comercio barrial y economía alrededor del deporte.
Tercero, una arena multipropósito para conciertos, ferias, eventos culturales, deportes bajo techo, convenciones populares y grandes espectáculos.
Si Cali quiere ser una ciudad de eventos, no puede concentrar toda la agenda en los mismos sectores.
El Oriente debe importar ferias, festivales, mercados, congresos comunitarios y eventos del Pacífico.
Cuarto, una ruta cultural del Pacífico, articulada con la Ruta del Viche, la salsa, la gastronomía, la moda afro, los saberes tradicionales, la música urbana, el emprendimiento femenino y las cocinas populares.
El viche debe tratarse como patrimonio cultural y economía regulada para adultos, no como folclor de vitrina.
Fontur ha señalado que la Ruta del Viche busca fortalecer experiencias de producción, comercialización y tradición cultural de comunidades afrodescendientes del Pacífico.
Quinto, una verdadera reforma del suelo urbano. El oriente no puede seguir atrapado en baja densidad, informalidad, déficit de espacio público y mala mezcla de usos.
Hay que permitir vivienda en altura bien planificada, comercio en primeros pisos, equipamientos públicos, parques lineales, renovación predio a predio y captura de valor para financiar infraestructura.
El propio POT de Cali ha planteado superar déficits de infraestructura, equipamientos, espacio público, transporte, saneamiento y vivienda, y maximizar el uso de la ciudad consolidada.
El punto central es simple: el oriente no debe ser visto como una periferia pobre, sino como la mayor oportunidad de transformación urbana de Cali.
La ciudad ya tiene diagnóstico suficiente. El DANE ha mostrado que varias comunas del oriente están entre las de mayor desempleo relativo en Cali.
También hay evidencia de concentración de población vulnerable y déficit de capital humano en los estratos más bajos de la ciudad.
Entonces, la pregunta no es si el oriente necesita inversión. La pregunta es por qué Cali ha tardado tanto en entender que ahí está su futuro.
Un estadio, una arena, un distrito empresarial, una ruta cultural, parques, universidades técnicas, vivienda bien planificada y empleo formal pueden cambiar la estructura completa de la ciudad.
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