Cali, mayo 14 de 2026. Actualizado: jueves, mayo 14, 2026 21:49

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¿Qué dicen las campañas más allá de lo evidente?

Semiótica electoral: los símbolos detrás de las fórmulas presidenciales

Por: Rosa Maria Agudelo Ayerbe

Esta campaña presidencial parece librarse más en el terreno de las emociones que en el de las propuestas.

Incluso hemos visto cómo los debates tradicionales en los medios de comunicación —espacios históricamente destinados a confrontar ideas, programas y visiones de país— han perdido protagonismo, siendo cancelados o reemplazados por estrategias de comunicación mucho más simbólicas, emocionales y narrativas.

En ese nuevo escenario político, donde importa tanto lo que un candidato representa como lo que propone, la semiótica y el análisis simbólico ayudan a entender los mensajes que las campañas transmiten más allá de las palabras.

Las campañas ya no solo compiten por votos. También compiten por símbolos.

Esa podría ser una de las conclusiones del actual escenario presidencial colombiano, donde las fórmulas vicepresidenciales empiezan a revelar mucho más que simples alianzas políticas. Revelan imaginarios de país.

Este análisis fue realizado con apoyo de herramientas de inteligencia artificial aplicadas al análisis semiótico y narrativo de la comunicación política.

No busca hacer una valoración ideológica ni electoral, sino interpretar los símbolos, discursos y representaciones visuales que proyectan las fórmulas presidenciales que hoy lideran la intención de voto.

Para este análisis no se incluyó la fórmula conformada por Abelardo de la Espriella y su fórmula vicepresidencial, aun reconociendo que también podría llegar a la Casa de Nariño.

La razón responde al enfoque metodológico del ejercicio, centrado en la carga simbólica que tienen las fórmulas hombre-mujer en el contexto político y social colombiano.

En una sociedad donde temas como equidad, representación y diversidad de género han adquirido un peso creciente en la conversación pública, las duplas mixtas incorporan elementos semióticos adicionales relacionados con complementariedad, equilibrio y representación simbólica de distintos sectores de la sociedad.

Más allá de las posiciones ideológicas, este análisis buscó precisamente explorar cómo esas construcciones visuales y narrativas proyectan determinadas ideas de país y de poder.

La semiótica —la disciplina que estudia los signos y los significados— permite entender que en política nada comunica solo desde las palabras.

También hablan la ropa, los colores, las posturas, los gestos, los escenarios y las asociaciones simbólicas.

La política como representación simbólica

En la era digital, las campañas dejaron de ser únicamente plataformas programáticas.

Hoy funcionan como sistemas narrativos que construyen emociones, identidades y sentidos de pertenencia.

En ese contexto, las fórmulas vicepresidenciales cumplen un papel estratégico: equilibrar simbólicamente las candidaturas.

Por eso suelen incorporar variables como género, territorio, diversidad, experiencia técnica, juventud o representación social.

Más que acompañantes, se convierten en mensajes políticos.

Aída Quilcué e Iván Cepeda: el símbolo del territorio y la representación social

La fórmula de Aída Quilcué e Iván Cepeda construye una narrativa asociada a la representación social, el territorio y las luchas históricas de sectores tradicionalmente excluidos.

La imagen transmite cercanía comunitaria, identidad cultural y legitimidad social.

Desde la semiótica visual aparecen múltiples elementos simbólicos: la vestimenta indígena, los tejidos, el sombrero, los colores verdes y artesanales, así como la proximidad corporal entre ambos líderes.

Todo ello comunica arraigo, colectividad y conexión con los movimientos sociales.

No es casual. La fórmula parece construir el poder desde “la voz de las comunidades” más que desde la institucionalidad tradicional.

Aquí el liderazgo no se presenta como vertical o técnico, sino como representación de sectores sociales que históricamente han reclamado mayor participación en las decisiones nacionales.

El sociólogo Pierre Bourdieu hablaba del “capital simbólico” como la capacidad de ciertos actores de representar valores socialmente reconocidos.

En este caso, la fórmula activa símbolos relacionados con diversidad, resistencia, inclusión y reivindicación territorial.

Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo: la narrativa de la gestión y la institucionalidad

La fórmula de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo construye una narrativa centrada en la institucionalidad, la gestión pública y la estabilidad administrativa.

La estética visual cambia completamente. Predominan los tonos azules y blancos, la vestimenta formal y una composición más cercana al liderazgo corporativo y ejecutivo.

Los brazos cruzados, las expresiones serenas y la distancia visual respecto a elementos populares transmiten control, confianza y autoridad racional.

Aquí el mensaje no parece ser “representamos al pueblo”, sino “sabemos administrar el Estado”.

La fórmula proyecta tecnocracia, experiencia, capacidad de gestión y eficiencia institucional.

En términos sociológicos, se acerca a lo que Max Weber definía como autoridad racional-legal: un liderazgo sustentado en la capacidad técnica y el funcionamiento ordenado de las instituciones.

Más allá de la izquierda y la derecha

Lo interesante es que el verdadero contraste no parece estar únicamente en el tradicional eje izquierda-derecha. La disputa simbólica va mucho más allá.

En realidad, ambas fórmulas representan dos maneras distintas de entender el liderazgo político:

  • Representación social versus gestión institucional;
  • Identidad territorial versus tecnocracia;
  • Liderazgo colectivo versus liderazgo ejecutivo;

emocionalidad social versus estabilidad administrativa.

Ese choque simbólico explica buena parte de las tensiones políticas contemporáneas en América Latina y en el mundo.

El poder de los símbolos en la era digital

Tal vez por eso el debate presidencial moderno ya no se juega únicamente en los discursos o en las propuestas económicas.

También se juega en la capacidad de representar visual y emocionalmente una idea de país.

Porque antes de gobernar, las campañas necesitan algo más profundo: lograr que los ciudadanos se vean reflejados en sus símbolos.

En comunicación política existe un concepto fundamental: identificación y proyección. Los ciudadanos no solo votan por propuestas; también votan por aquello con lo que se identifican y por la idea de país que proyectan los candidatos.

Al final, más allá de los discursos y las estrategias, los resultados electorales mostrarán cuál de esas narrativas logró conectar con mayor fuerza emocional y simbólica con los colombianos.


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