Cali, octubre 10 de 2026. Actualizado: viernes, octubre 9, 2026 19:54
Por Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
En su reunión treinta, celebrada en París en 1999, la Unesco proclamó el 21 de marzo como el Día Mundial de la Poesía, con el objetivo de conservar la diversidad de los idiomas a través de los versos. En esta fecha, los países miembros de las Naciones Unidas, deben invitar a sus poblaciones a reflexionar sobre el poder del lenguaje y el florecimiento de las capacidades creadoras de cada persona.
La Unesco estimó, que merced a su gramática singular y sus metáforas, el lenguaje poético constituye la otra faceta humana importante que posibilita el diálogo entre las culturas. En el Día Mundial de la Poesía, la educación está llamada a apoyarla, organizando recitales, promoviendo su enseñanza, a la manera de un diálogo entre los versos y las demás manifestaciones artísticas: el teatro, la danza, la música y la pintura.
Poetas sin amantes
En Colombia hay abundancia de poetas, pero sin amantes, porque paradójicamente, en las cotidianidades familiares y escolares, se desconocen y poco se declaman versos que sensibilicen a las colectividades. La ausencia de difusión en familia de los boleros y las baladas poéticas, como la falta de homenajes a la bandera como espacios escolares propios para que los jóvenes declamen versos, son dos causas de este vacío intelectual insensibilizador del espíritu.
La educación también ha fallado en su metodología y en los contenidos curriculares, porque la enseñanza de la literatura sólo le da importancia a la producción narrativa, mientras desestima los versos líricos. Algún estudiante, por ejemplo, puede dar razón de Jorge Isaac y de José Eustacio Rivera, autores de “María” y “La Vorágine”, las primeras importantes novelas de la literatura colombiana, pero del romántico caleño desconoce sus versos a las musas Elena, Rafaela e Irene y, del narrador realista que denuncia la violencia hacia los trabajadores caucheros en la manigua, ignora “Tierra de promisión”, la antología lírica que exalta el paisaje.
Sin vergüenza antipoética
Es grotesca la irreverencia hacia los poetas, admitida y propiciada por la negligencia de cinco administraciones municipales caleñas, que han cohonestado en la desfiguración del parque de los poetas, junto a la Ermita, lugar convertido en guarida y orinal público. Es pertinente preguntar: ¿Qué respeto pueden aprender los jóvenes ante la vida y obra de Jorge Isaac, Carlos Villafañe, Octavio Gamboa y Antonio Llanos? ¿Será que inauguran las obras de hundimiento de la carrera primera, sin vergüenza antipoética por unos monumentos que evidencian la “poetifobia” de las administraciones?
La inspiración poética, dice Octavio Paz, es un ejercicio espiritual, un método de liberación interior, que revela el mundo y crea otro. De ahí que se pueda afirmar que los poetas a través de sus versos subliman sus sentimientos, compensan sus angustias y condensan su inconsciente. En una palabra, la poesía es la prueba más hermosa de la grandeza del poder creativo del ser humano.
Prosa narrativa poética
No sólo son poéticos los versos, también la prosa narrativa puede estar impregnada de poesía. Por eso, Gabriel García Márquez, en 1982, quiso recibir el Premio Nobel de Literatura haciendo un “Brindis por la Poesía”. En su intervención, además de rendir homenaje a Pablo Neruda, confesó que en cada línea que escribe trata siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus de la poesía, y trata de dejar en cada palabra el testimonio de su devoción por sus virtudes.
La poesía expresó García Márquez en Estocolmo que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en “Las Alturas de Machu Picchu” de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina y contagia de amor y repite las imágenes en los espejos.
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