Cali, noviembre 7 de 2026. Actualizado: viernes, noviembre 6, 2026 23:40
El pasado fin de semana, Tuluá vivió una jornada de horror que dejó a la ciudad sumida en el miedo y la incertidumbre; los asesinatos y atentados perpetrados por la banda “La Inmaculada” evidencian una situación alarmante que demanda una respuesta contundente y sostenida por parte del gobierno nacional.
La banda, también conocida como la “Oficina de Tuluá”, no solo ha sembrado el terror con homicidios, sino que ha extendido su control hasta las plazas del mercado, convirtiendo la canasta familiar en un negocio bajo su dominio, marcado por extorsiones y amenazas de muerte.
Las medidas tomadas inmediatamente por las autoridades locales, como el toque de queda y la militarización, son esenciales, pero es necesario ir más allá de soluciones coyunturales. Tuluá necesita ser una prioridad nacional en materia de seguridad, ya que el modelo criminal de “La Inmaculada” puede convertirse en una peligrosa pauta para replicarse en otras partes del país.
El gobierno nacional no puede dejar solas a las autoridades locales y departamentales en esta lucha. La respuesta debe ser firme y sostenida hasta que la banda sea sometida y la seguridad sea restablecida.
La captura de los líderes y miembros de esta banda es crucial, pero es igualmente imperativo abordar la problemática de la delincuencia desde las cárceles.
La denuncia de la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, sobre la arremetida criminal ordenada desde las penitenciarías pone de manifiesto la necesidad de reformas profundas en el sistema carcelario, combatiendo la corrupción que permite a los criminales operar desde su reclusión.
En el caso de Tuluá no solo se está en juego la seguridad de esta ciudad, sino el futuro del país, pues en muchos puntos de Colombia crece el poder de estas organizaciones sin que el Estado se ponga a la altura del desafío.
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