El mensaje de la gobernadora Clara Luz Roldan, quien conoce más que nadie la situación de Buenaventura, que establece como punto de partida para solucionar el problema de violencia estructural es duro y contundente. Dice la gobernadora que “Buenaventura debe ser militarizada”. El texto no deja dudas, mucho menos puede dar lugar a discusiones bizantinas sobre si hay otras opciones para recomponer la guerra que por el territorio libran bandas pertenecientes al crimen organizado y que se disputan a sangre y fuego el control urbano, y todo el vasto territorio de la zona rural y los esteros que son la joya de la corona, pues son el vehículo para la salida de droga y la entrada de armas y pertrechos militares, para librar la guerra que desde hace muchos años es su común denominador .
Buenaventura ha debido ser militarizada hace mucho rato. Su papel en el circuito es una verdad conocida por todo el país. Su importancia en el comercio internacional también lo es. Sobre Buenaventura han recaído múltiples proyectos de carácter social, de carácter filantrópico, de carácter empresarial, todos ellos en el entendido de que esa violencia ligada al espectro de la corrupción de sus instituciones públicas y privadas puede ser solucionada mediante diplomados y programas para que la gente se le olvide y de manera mágica desaprenda la violencia.
El sueño de convertir a Buenaventura en un puerto pujante ha sido frustrado por el egoísmo y la pequeñez del centralismo bogotano y en los últimos tiempos por el empoderamiento que han adquirido las comunidades raizales, que han impedido a toda costa que se termine la autopista Cali – Buenaventura y Loboguerrero. Esta circunstancia es la que durante más de 70 años ha impedido que Buenaventura deje de ser un muelle, para convertirse en un puerto como los peruanos y los chilenos.
Por estas horas y ante la aterradora escena que ha recorrido la televisión y las redes sociales, donde unos delincuentes encapuchados hacen alarde de controlar barrios y calles de la ciudad, ya nuestra fuerza pública se encuentra en primera línea, ojalá instrumentalizando la postura de la gobernadora de militarizar.
Buenaventura es una ciudad tarifada por la extorsión desde hace más de 30 años. Podría decirse que es modelo para el resto de ciudades en Colombia que luchan por no parecerse a ella. El narcotráfico en todas sus facetas domina y maneja a través de distintas expresiones criminales la economía legal e ilegal del puerto. Su papel es el de un gran regulador, para que la droga proveniente del norte del Cauca, de las selvas del Chocó, de las selvas del Naya encuentre en sus estructuras criminales el pasaporte para embarcarla y enviarla a todos los puertos del mundo.
Si Buenaventura no se somete a una militarización que derrote y someta a las bandas criminales, le sucederá lo que a tantos otros puertos le ha pasado. Es el momento, de que le paren bolas a la Gobernadora, es el momento para que los “pazólogos” no enreden la necesaria militarización con mesas de diálogo, que lleven a reeditar la mentirosa paz que firmaran los “Shottas” y los “Espartanos”, que no fue otra cosa que un silencio de los fusiles para consolidar el control sobre la droga y el territorio. Que el sofisma de la “Paz total” no vaya a confundir los designios y la naturaleza de lo que sucede y termine Buenaventura de nuevo en otro experimento como el de los “Shottas” y los “Espartanos”.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar







